Las reuniones navideñas, si bien son alegres para muchos, pueden resultar abrumadoras para los niños e incluso para los adultos. La alteración de las rutinas, las multitudes y la sobrecarga sensorial a menudo provocan estrés. Pero con un poco de preparación, los padres pueden ayudar a sus hijos no sólo a sobrevivir a estos eventos, sino también a disfrutarlos. Los expertos en psicología infantil y dinámica familiar destacan que las conversaciones proactivas son clave.
Comprender los desafíos de los niños
Los niños, especialmente aquellos que son sensibles o neurodivergentes, tienen dificultades cuando cambian las rutinas. Los entornos ruidosos, la estimulación excesiva y las expectativas sociales pueden provocar ansiedad o crisis. El objetivo no es eliminar la incomodidad, sino equipar a los niños con herramientas para manejarla. Como señala Melissa Schwartz, entrenadora de padres, “cuando los niños saben qué esperar y tienen las herramientas listas, realmente pueden disfrutar el día en lugar de simplemente sobrevivir”.
Estableciendo expectativas: qué esperar
Antes del evento, explique a su hijo los detalles. ¿Quién estará ahí? ¿Qué actividades sucederán? ¿Qué sonidos (música, charla) son probables? Esto reduce la ansiedad al eliminar la incertidumbre. “Proporcionar detalles con antelación… ayuda a los niños a sentirse seguros y reduce los brotes de comportamiento”, explica Schwartz.
Límites y conversación educada
En lugar de estrictos “qué hacer y qué no hacer”, encuadre la discusión en torno a la toma de decisiones. Pregunte: “Si algo te resulta incómodo, ¿qué podrías hacer?” Esto fomenta la autoconciencia. Amber Monroe, terapeuta matrimonial y familiar, sugiere ayudar a los niños a sintonizar con sus sentimientos: “Esto les ayuda a aprender a escuchar sus señales internas”.
Decir “No” al afecto físico
Discuta las expectativas de saludo. ¿Son apropiados los abrazos, besos o apretones de manos? Hágales saber a los niños que tienen derecho a rechazar el contacto físico. Sari Goodman, fundadora de The Parental Edge, enfatiza que conocer las expectativas de antemano hace que los niños sean “más cómodos y socialmente sofisticados”. Normalizar los límites corporales: “Los niños y adolescentes se sienten más cómodos cuando saben qué esperar”.
Navegando por las opciones de alimentos
Las comidas navideñas son famosas por su abundancia. Hable sobre el equilibrio y la confianza en lugar del control. Anime a los niños a probar cosas nuevas pero también a escuchar sus cuerpos. Respuestas modelo: “No, gracias, tal vez más tarde” o “Me tomaré un poco a ver si me gusta”.
Tomar descansos cuando sea necesario
La sobreestimulación es real. Recuerde a los niños que necesitar tiempo de tranquilidad es normal. Establece una señal para cuando necesiten un descanso: un guiño, un tirón de tu camiseta o cualquier gesto previamente acordado. “Identifique un lugar tranquilo con antelación… y acuerde una señal que puedan utilizar para solicitar un reinicio”, aconseja Schwartz.
Céntrese en la conexión, no en la perfección
Las fiestas se tratan de relaciones, no de comportamiento impecable. Recuerde a los niños que la amabilidad y la autenticidad importan más que la perfección. Hágales saber que está bien ser ellos mismos. Como dice Monroe: “No tienes que ser perfecto. Sólo tienes que ser tú mismo”.
En última instancia, la mejor preparación no consiste en hacer cumplir las reglas; se trata de capacitar a los niños para que naveguen en situaciones sociales con confianza y conciencia de sí mismos. Al cambiar el enfoque del desempeño a la conexión, los padres pueden ayudar a garantizar que las reuniones navideñas sean agradables para todos los involucrados.























