Según un informe reciente de Common Sense Media, más de uno de cada tres adolescentes en los Estados Unidos ha jugado durante el año pasado, y muchos de ellos estuvieron expuestos por primera vez a mecánicas similares a las del juego a través de videojuegos. Este hallazgo destaca una tendencia creciente de exposición temprana a sistemas basados ​​en el azar, que según los investigadores puede normalizar el comportamiento riesgoso en una edad crítica del desarrollo.

El auge de los juegos de azar digitales

El estudio, “Betting on Boys”, encuestó a más de 1.000 niños de entre 11 y 17 años y descubrió que los videojuegos con recompensas aleatorias y gastos dentro del juego son con frecuencia el primer encuentro con el juego para los hombres jóvenes. Estos sistemas explotan desencadenantes psicológicos como la anticipación y la recompensa, haciéndolos efectivos incluso si los niños no los reconocen como juego. El informe subraya un cambio en el juego de lugares tradicionales a entornos digitales, donde es más accesible y menos regulado.

Esto es importante porque la adolescencia es un período en el que el cerebro es más susceptible a comportamientos impulsados ​​por recompensas, lo que significa que la exposición temprana puede provocar adicción y problemas financieros más adelante en la vida. La normalización del juego a través del juego, junto con un marketing agresivo por parte de las empresas de juego, crea un entorno peligroso para los jóvenes.

Redes sociales e influencia de pares

El estudio también señala el papel de las redes sociales en la promoción del juego. Casi la mitad de los niños que juegan dicen haber visto contenido relacionado en línea, a menudo a través de recomendaciones algorítmicas en plataformas como YouTube. La exposición a este contenido aumenta el gasto, lo que hace que los juegos de azar parezcan normales y de bajo riesgo.

La influencia de los compañeros también es significativa: más del 80% de los chicos con amigos jugadores también juegan, en comparación con menos del 20% de aquellos cuyos amigos no lo hacen. Esto sugiere que las presiones sociales desempeñan un papel clave a la hora de impulsar la participación. La exposición familiar también es un factor: un tercio de los niños que apuestan afirman hacerlo con miembros de su familia, a veces sin saberlo.

Gasto y conductas de riesgo

En promedio, los niños que juegan gastan 54 dólares al año, pero un grupo más pequeño adopta conductas mucho más riesgosas, incluido el uso no autorizado de las tarjetas de crédito de los padres. Esto se alinea con una investigación más amplia que vincula la exposición temprana al juego con problemas con el juego en etapas posteriores de la vida. Estudios en JAMA Pediatrics y The Lancet Public Health han documentado consecuencias a largo plazo, con algunos adolescentes apostando semanalmente (alrededor del 8% en encuestas estatales) y los niños siendo afectados desproporcionadamente.

No se trata sólo de dinero; se trata del impacto a largo plazo en la educación financiera y la toma de decisiones responsable. El diseño agresivo de los productos de juego y las tácticas de marketing contribuyen a este problema al hacer que las apuestas parezcan rutinarias.

Qué pueden hacer los padres

Common Sense Media recomienda mantener conversaciones proactivas sobre los juegos de azar, comenzando antes de lo que muchos padres se dan cuenta. Los pasos prácticos incluyen monitorear la actividad en línea, establecer reglas de gasto y eliminar métodos de pago de las plataformas de juego. La clave es ayudar a los niños a comprender los riesgos asociados con mezclar suerte y dinero, incluso si no parecen obvios al principio.

En conclusión, la nueva investigación de Common Sense Media muestra que el juego entre los adolescentes varones está muy extendido y a menudo comienza a través de videojuegos aparentemente inofensivos. Esta tendencia subraya la necesidad de una mayor concienciación de los padres, una regulación más estricta de los mecanismos de juego digitales y conversaciones abiertas sobre los riesgos involucrados.