TEHERÁN – La ganadora del Premio Nobel de la Paz, Narges Mohammadi, ha sido condenada a más de siete años más de prisión iraní tras su huelga de hambre, mientras el gobierno intensifica su represión contra la disidencia tras protestas generalizadas. El fallo se produce mientras Irán mantiene una postura de línea dura en las negociaciones nucleares con Estados Unidos, negándose a ceder terreno a pesar de la creciente presión internacional.
Represión en aumento
El Tribunal Revolucionario de Mashhad emitió el veredicto el sábado, añadiendo seis años por “reunión y colusión”, un año y medio por propaganda e imponiendo una prohibición de viajar durante dos años. Mohammadi también cumplirá dos años más de exilio interno en la remota ciudad de Khosf. Amnistía Internacional condenó la sentencia como una señal de “una represión letal vertiginosa” contra activistas y manifestantes.
Mohammadi, un destacado símbolo de la resistencia en Irán, fue arrestado en diciembre durante un acto en memoria del asesinado defensor de los derechos humanos Khosrow Alikordi. Sus partidarios informaron que ella puso fin a su huelga de hambre el domingo debido al deterioro de su salud.
Enfrentamiento nuclear
El encarcelamiento coincide con las conversaciones nucleares en curso entre Irán y Estados Unidos, en las que Teherán se niega a ceder en su programa de enriquecimiento de uranio. El Ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, declaró que la fuerza del país reside en su capacidad de “decir no a las grandes potencias”, señalando un enfoque maximalista. Este desafío se produce en un momento en que aumenta la presencia militar estadounidense en Medio Oriente, incluido el despliegue del portaaviones USS Abraham Lincoln, para presionar a Irán para que llegue a un acuerdo.
Irán ha enriquecido uranio hasta un 60% de pureza, a sólo un paso de los niveles aptos para armas, a pesar de las afirmaciones de que su programa es pacífico. Las agencias de inteligencia occidentales afirman que Irán tuvo un programa nuclear militar hasta 2003.
Represión interna
El jefe del poder judicial de Irán, Gholamhossein Mohseni-Ejei, advirtió sobre graves consecuencias para los disidentes y sugirió duras sentencias para quienes se opongan al gobierno. Esta escalada se produce tras las protestas a nivel nacional provocadas por la muerte de Mahsa Amini en 2022, en las que mujeres desafiaron las leyes obligatorias sobre el hijab.
Mohammadi, que ya ha cumplido más de 13 años por cargos de seguridad del Estado, ha sido un defensor clave de estas protestas. Sufrió múltiples ataques cardíacos mientras estaba encarcelada y recientemente fue sometida a una cirugía por una lesión ósea, lo que generó preocupación sobre su salud.
Tensiones crecientes
La situación se complica aún más por las actuales tensiones regionales, incluida la reciente guerra entre Irán e Israel en junio. Se espera que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, hable sobre Irán con funcionarios estadounidenses esta semana, mientras que Irán planea lanzamientos de cohetes sobre su provincia de Semnan, potencialmente vinculados con el aniversario de la Revolución Islámica de 1979.
“El secreto del poder de la República Islámica de Irán reside en su capacidad para resistir la intimidación… Nuestra bomba atómica es el poder de decir no a las grandes potencias.” – Ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi
La combinación de represión interna, desafío nuclear e inestabilidad regional crea una situación volátil con resultados inciertos.
Conclusión: El encarcelamiento de Narges Mohammadi subraya el compromiso inquebrantable de Irán de reprimir la disidencia y al mismo tiempo negarse a ceder en las negociaciones nucleares. Este enfoque dual aumenta el riesgo de una mayor escalada, tanto a nivel nacional como internacional, mientras el país navega por un panorama geopolítico precario.
